Hubo un tiempo en el que sufrir un ataque cerebro vascular (ACV) era casi una condena. De hecho, según datos de la Organización Mundial de la Salud, todavía hoy el ACV es la segunda causa de muerte en el mundo y la primera de discapacidad. Pero el paradigma va cambiando desde que quedó en evidencia que si los pacientes reciben atención urgente luego del ataque tienen importantes probabilidades de recuperación sin secuelas.
“Suele hablarse de una ventana de cuatro horas y media, pero si se actúa dentro de las dos primeras horas el porcentaje de éxito es del 66%; si se demora más, baja al 16%”, ejemplifica el coordinador general del Programa Provincial de Ataque Cerebro Vascular, Julio Fernández.
Y hay más novedades: de la mano de la tecnología, en algunos casos la ventana terapéutica se ha extendido.
Es una de las buenas noticias que se manejan estos días en la Argentina, ya que en Buenos Aires se realizó recientemente la edición número 27 del Simposio de Medicina Mínimamente Invasiva (SIMI).
El equipo dirigido por Raúl Nogueira, de la Universidad Emory, de Atlanta, ha investigado las posibilidades de la trombectomía mecánica, procedimiento para el que se establece normalmente una ventana de hasta seis horas, y ha demostrado que, en ciertos pacientes, es eficaz hasta 24 horas después de los primeros síntomas.
“El hallazgo es importante, porque les da chances a pacientes que antes se descartaban. Y son cruciales las imágenes, porque permite saber si a pesar del tiempo transcurrido hay ‘cerebro salvable’”. explicó a LA GACETA, desde Buenos Aires, Pedro Lylyk, presidente del SIMI.
Lo que se hace
Son técnicas que permiten tratar los ACV producidos por obstrucción de la circulación sanguínea, que constituyen el 80 % de los casos. No hace falta abrir el cráneo. Por eso se conocen como “mínimamente invasivas”.
“La trombectomía mecánica se usa cuando un coágulo impide la circulación de la sangre en una arteria de alto caudal. Lo que hacemos es introducir un catéter por una arteria de la pierna y dirigirlo hasta el cerebro. Allí, por medio de un stent (una malla extensible que se utiliza para abrir vasos obstruidos) se los abraza y se lo extrae... ¡como si fuera un sacacorchos!”, describe con humor pedagógico Fernández.
La otra técnica (también se realiza en Tucumán) se llama trombólisis, y lo que hace es romper los coágulos. “Se puede aplicar en casos en los que la arteria obstruida es distal y delgada -explica Fernández-. Se hace con medicación endovenosa”. “Sería como el ‘plomero líquido’ -ejemplifica de nuevo-, pero para estos pacientes la ventana es aún más estrecha”.
Y en absolutamente todos los casos, y ante la menor sospecha, la indicación es “llamá urgente al 107” (ver nota aparte).
El tiempo es oro
“El ACV es una emergencia total; de hecho suele plantearse como crucial la ecuación cerebro=tiempo”, explicó Lylyk. “Por cada minuto de demora se mueren 1,9 millón de neuronas, y todavía hay mucha gente, médicos incluidos, que no lo entienden. La demora en llegar a la emergencia puede ser mortal”, agrega Fernández.
Es que el ACV solía considerarse imprevisible e intratable, y como resultado, el paciente promedio con ACV suele demorar más de 12 horas en llegar a una sala de emergencia. De hecho, una encuesta llevada adelante entre 2014 y 2016 por el instituto Fleni mostró que el 95% de los argentinos sabe de qué se trata el ACV, pero que sólo uno de cada tres lo considera potencialmente mortal. Y uno de cada cuatro no considera los síntomas una señal de urgencia, por lo que la búsqueda de atención médica tardía resulta un hábito, no sólo peligroso sino repetido.
A qué estar atentos
Saber cuándo hay que actuar no debería ser tan complicado, porque los síntomas son relativamente claros y sencillos de detectar, y en todos los casos son repentinos: entumecimiento o debilidad, especialmente de un lado del cuerpo; confusión o dificultad para hablar o para comprender lo que se habla; problemas para ver con uno o ambos ojos; dificultad para caminar, mareo o pérdida de equilibrio o de coordinación; dolor de cabeza grave (y, se insiste, repentino) sin causa conocida.
Advertencia: incluso si los síntomas aparecen por minutos solamente, aunque luego desaparezcan, hay que llamar al 107. Posiblemente se un ataque transitorio, pero los síntomas indican riesgo grave de ataque cerebrovascular y la posibilidad de un daño permanente.
> La revolución tecnológica | ¿Qué es la medicina mínimamente invasiva?
El avance en los métodos de diagnóstico por imágenes ha permitido ver dentro del cuerpo y realizar diagnósticos de una forma que antes sólo era posible con una cirugía exploradora abierta, o directamente imposible. Y gracias al desarrollo de fibra óptica, microcámaras, catéteres e instrumental quirúrgico especial se puede no sólo diagnosticar sino también curar. Porque procedimientos quirúrgicos que antes requerían anestesia general y postoperatorios traumáticos y prolongados, pueden realizarse en forma ambulatoria o con internación de corta estancia, y minimizan (de ahí el nombre) no sólo la cirugía, sino también su impacto sobre el organismo, el dolor postoperatorio, los costos y los tiempos de recuperación.
> Riesgo evitable | Pronostican aumento de la incidencia de ACV
La OMS calcula que en los próximos 25 años la incidencia de ACV aumentará un 27%.
Y en la Argentina, se estima que cada 4 minutos una persona padece un ataque cerebro vascular. De ese número, se desprende que en el país se producen 18 mil muertes anuales. Y todo eso a pesar de que casi el 90% del riesgo atribuible poblacional de ACV está dado por factores tratables.
Los más frecuentes son la hipertensión, la hipercolesterolemia, la diabetes, el sedentarismo, el tabaco y el alcohol. Pero también pueden influir el estrés psicosocial, la depresión, la tensión laboral y muchas horas de trabajo.
> Cómo funciona en red el programa provincial del ACV
El Hospital Padilla es el centro de referencia. Participan también dos instituciones privadas
“La problemática del ACV es muy importante, y nuestra provincia reúne condiciones especiales: mucha población en poca superficie”, afirma el responsable del Programa Provincial de Ataque Cerebro Vascular, el especialista en neurocirugía endovascular Julio Fernández.
“Así que decidimos tomar el toro por las astas y hoy tenemos funcionado un programa que, mediante un comité de referencia, trabaja con todo el sistema, desde la Dirección de Emergencias hasta los efectores centrales del sistema público”, explica. Del programa participan dos instituciones privadas, Clínica Mayo y Sanatorio 9 de Julio, que disponen de equipamiento y recursos humanos para trabajar con esquema de triage (evaluación rápida de pacientes y su ubicación inmediata para la atención médica).
Y esa red es crucial, porque el tiempo es oro. “Y el 107 es clave -añade Fernández-. Cuando se recibe la llamada se activa todo el proceso: mientras la ambulancia busca al paciente, en el hospital Padilla se pone todo a punto para poder intervenir”.
Y la red está creciendo: por un lado, y con la instalación de los nuevos tomógrafos, se incorporarán el Avellaneda y los hospitales de Tafí del Valle y de Concepción. “De esta manera, los pacientes llegarán al Padilla -que seguirá siendo el hospital de referencia- con un diagnóstico hecho, con lo cual seguimos ganando tiempo”.
Por el otro, y de la mano de la tecnología, el programa podrá manejarse también con telemedicina: los efectores menores podrán consultar con el central, enviar imágenes, confirmar diagnósticos. Y además, desde el lunes, gracias a un convenio entre el Ministerio de Salud Pública, el Instituto Eneri (Equipo de Neurocirugía Endovascular Radiología Intervencionista) y la Clínica La Sagrada Familia (ambas instituciones, de Buenos Aires), en el Padilla se puso a funcionar el Centro de Telestroke. Con él, Tucumán formará parte de una red nacional, que permitirá comunicar casos clínicos en tiempo real y lograr una mejor respuesta para los pacientes.
> Traslados | Ambulancias del 107 y helicóptero
Como el hospital de referencia es el Padilla, los pacientes que sufren un ACV deben llegar hasta allí para el tratamiento. Para eso hay 150 ambulancias de la Dirección de Emergencias Sanitarias y trabajan en red en todo el territorio de la provincia para la intervención inmediata, que se activa llamando al 107. “El proyecto es que en breve los traslados de larga distancia se puedan hacer en el helicóptero de la Provincia”, resalta Julio Fernández, titular del programa de ACV.